Cuestión de Fe de Donna Leon, La gran dama del crimen |
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Es un tipo afable, exquisito y culto, que lee a Herodoto y a Dante. Descreído y ligeramente pesimista; honesto y amante de la ley…Con estas premisas vitales y tal bagaje intelectual, se enfrenta al crimen. Jamás va armado. Como a alguno de sus más ilustres colegas (Pepe Carvalho, o el inspector Maigret) lo que más le interesa es la investigación, en la que invierte todos los recursos a su alcance, no siempre legales: Brunetti se ha rendido a la evidencia de que vive en Italia… Entre la ley y la justicia, Brunetti opta por la justicia.
Además de una proverbial y a veces relamida galantería con las mujeres, tiene su puntito machista: jamás cocina y rara vez friega un plato, aunque se muere por el pomodoro, la pasta y el prosecco. Pero Brunetti es, sobre todo, un amante –y fiel– esposo y un padre preocupado por sus hijos; en la familia tiene a su principal aliado.
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Paola es la hija de un noble, veneciano hasta la médula y con título nobiliario. Es culta, profesora de literatura inglesa en la Universidad, devota lectora de Henry James, Melville y Dickens. Su perspicacia y sentido común son de gran ayuda para Brunetti en la resolución de los casos.
Cultos, muy ricos, frívolos y exquisitos, son el punto de conexión de Brunetti con la buena sociedad veneciana, poder y dinero en mayúsculas, un círculo del que el comisario sospecha que está detrás de la mayoría de fechorías que persigue. En ocasiones, y muy a su pesar, Brunetti debe aceptar un cable de sus suegros...
Tópico, pero cierto, en la jefatura, el enemigo de Brunetti es su jefe, Giuseppe Patta, un perfecto inútil, burócrata y servil con el poder, que se cuelga las medallas ajenas y se compra las camisas en Londres. Más patético que antipático, hasta el punto de ser la comidilla de la jefatura porque su mujer se fugó con un magnate del cine porno...
Elettra Zorzi, la secretaria del jefe insufrible, es, en cambio, de gran ayuda para Brunetti. Tiene muy buenos contactos, es hábil con los ordenadores y aunque entre ellos hay cierto...feeling, Brunetti jamás se permitirá ir más allá y la signorina tampoco da pie.
La ciudad es casi otro personaje por derecho propio, con su aparente placidez de Serenísima Repubblica, bajo la que late la añoranza por la ciudad de otros tiempos, antes del alud de turistas, antes de la desaparición de los puestos de fruta callejeros, antes de ka contaminación irremediable que consume la vida de la laguna, las aguas de Venecia, conocedoras del destino que les aguarda...
Como el detective Marlowe con Los Ángeles, Venecia se convierte en una metáfora a partir de la cual se pretende explicar una sociedad y una época.
